Quizá la locura no consista en perder la razón, sino en negarse a vivir detrás de una apariencia aceptable para los demás. La imagen nos confronta con esta dualidad: el espejo, la crudeza de la realidad, nuestro ‘yo’ más desnudo, frente a la construcción de una imagen casi utópica de una vida adornada por filtros y ediciones falsas. ¿Es entonces la cordura interpretar un papel de teatro para ser aceptados?
Si elegimos nuestra versión más auténtica, ¿somos realmente libres o etiquetados como locos por desafiar la realidad en la que vivimos? Vivimos con crisis de identidad, pero seguimos retocando nuestras fotos, seguimos cayendo en la trampa: ¿somos toda una vida llena de imperfecciones o un vídeo perfecto de 15 segundos?
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