29 de enero de 2026
¿Estamos locas o sólo queremos cambiar el mundo?
¿Puede mantenerse una identidad coherente en un mundo saturado voces?
¿Está más loco quien no sigue el camino o quien lo sigue sin cuestionarlo?
Cuando pensamos en Don Quijote se nos viene a la cabeza su locura, pero ¿y si no era tan absurda? Muchas veces seguimos el camino que creemos más cuerdo, el que promete un gran futuro, pero al final terminamos chocando con la realidad y dándonos cuenta de que ese no era nuestro lugar, sino el de otra persona. Entonces, ¿el verdadero error no es seguir un camino que no nos pertenece? Al fin y al cabo, solo quien se atreve a desviarse e imaginar un mundo nuevo es capaz de descubrir que la verdadera locura es no cuestionar la cordura.
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¿Que gigantes se esconden tras la locura de hoy en día?
En un mundo de hormigo, donde todo son números, a veces el más loco ve una realidad distinta en algo tan sencillo como unos edificios, o en el caso de Don quijote unos molinos. Hoy en día, se le puede considerar loco al más intelectual. De esta forma, quien no está inmerso en su pantalla, puede llegar a ver los gigantes escondidos tras la vida moderna. Aquí entra la reflexión, donde uno se cuestiona cómo tras las pantallas y las cosas más cotidianas, se pueden esconder nuestros mayores enemigos, como en los molinos Don Quijote vio a los gigantes.
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¿Es el reflejo de la locura el último bastión de la lucidez?
Algo parecido a lo de la imagen ocurre con el Don Quijote u otros miles de “quijotes” que viven por y para su causa o ideales: por fuera parecen dominados por la locura, la herrumbre, pero en su interior hay lucidez sin igual. Ya lo advertía Erasmo de Rotterdam: “La peor de las locuras es querer ser cuerdo en un mundo de locos”. La forma que tienen los “quijotes” de ver el mundo no es un error, sino una elección que le permite reflejar la realidad de una manera distinta, más nueva a la del alrededor.
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¿Qué nos da tanto miedo perder?
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¿Cuál es el reflejo y cuál es el real?
Vivimos una decadencia del pensamiento crítico. El uso de tecnologías como la IA vuelven una tarea casi imposible saber si lo que estamos viendo es real o no, y como Don Quijote con los molinos, nos hemos vuelto susceptibles a creernos todo lo que vemos. Estamos sometidos a constantes estímulos que son maestros de la posverdad, culminando en algunos casos en desconfianza y paranoia colectiva. Ante esta problemática es necesario volver a los orígenes de la filosofía con la mayéutica de Sócrates. Debemos cuestionar, y formar nuestras propias conclusiones si no queremos acabar gobernados por herramientas que piensen por nosotros.
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